Fabi Cremer

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Fases en los cambios de los hábitos alimenticios

Cambiar de hábitos alimenticios nunca será una tarea sencilla. Nos acostumbramos por diversas razones a mantener una rutina de alimentos y horarios a la que nuestro cuerpo responde de manera automática. Bajar calorías, mejorar consumo, transformar el acondicionamiento, es todo un reto para muchos.

Sin embargo, se trata de una acción que debemos emprender al tomar consciencia de un problema básico de salud. Los hábitos saludables representan una necesidad perentoria, sobre todo en tiempos como los actuales. La velocidad y la complejidad de la vida moderna, imponen un cambio de los hábitos alimenticios para optimizar nuestra expectativa de salud.

¿Qué son los hábitos alimenticios?

En efecto, se trata de un proceso rutinario, una manera de hacer las cosas que se convierte en automática. La Fundación Española de Nutrición (FEN) los describe como: “Comportamientos conscientes, colectivos y repetitivos, que conducen a las personas a seleccionar, consumir y utilizar determinados alimentos o dietas, en respuesta a unas influencias sociales y culturales”. Destacable en el concepto, la caracterización multidimensional de los mismos.

En este caso, llama la atención la construcción sociocultural de los hábitos al momento de seleccionar lo que comemos. Esto implica que mucho de lo que hacemos es por influencia de nuestro entorno. Puede que las alternativas que tengamos a mano y la herencia cultural, nos faciliten el consumo de alimentos adecuados y saludables y puede que no. Se trata de una cuestión de adaptación, disponibilidad y adecuación a la que muchas veces asistimos sin consciencia de su influencia en nuestra salud.

¿Cómo se forman los hábitos alimenticios?

Cabe señalar que el cambio de modo de vida es uno de los factores que impacta directamente el modelo de alimentación. Modificación horaria, exceso de ocupaciones, comida “rápida”, fácil de encontrar y preparada para gustar.

Todo colabora para disminuir la posibilidad de acceder a hábitos saludables de alimentación. Así mismo, producción masiva de alimentos sin control específico de su utilidad o beneficio, adiciones de grasas y azucares o una publicidad dirigida a estimular la ingesta inadecuada.

¿Cómo cambiamos los hábitos alimenticios?

Resulta difícil, eso es indiscutible, como todo tipo de cambio conductual y para ello, lo mejor es asimilar este paso a modo de concepto integral. Es decir, no se trata de levantarse un día y pensar: “Ya cambié, desde hoy comeré bien”. Esta es una posición extrema que no es posible en la vida real. Aun cuando la voluntad es un factor esencial, no es el único y, de hecho, no funciona adecuadamente si no lo sistematizas.

Por el contrario, se trata de ir poco a poco, cumpliendo determinadas fases en una gestión dinámica y evolutiva. En muchos sentidos, se trata de posicionar la necesidad de una transformación posible para optimizar nuestra calidad de vida. Tomar consciencia de esto, nos permitirá abordar el proceso como una manera de tomar las riendas de nuestra alimentación y no dejarla en manos de la publicidad o la rutina.

Veamos cómo es el “proceso” para cambiar nuestra rutina alimenticia y convertirla en hábitos saludables.

Fases en el proceso de adoptar hábitos saludables de alimentación

Este es un modelo de transformación integral que funciona para todo cambio conductual, es decir, no se refiere solo a la alimentación. En el proceso, no se presenta linealidad, se puede entrar en cada fase y bajar a la anterior, pero siempre en la expectativa de un camino “hacia adelante”. Estas son las fases del proceso de cambio:

– Pre contemplación. Se refiere a cuando no somos conscientes de tener un problema. Simplemente no nos cuestionamos el riesgo de enfermarnos o de perder oportunidades. Asumimos que la satisfacción que nos ofrece nuestra manera de alimentarnos, es un beneficio efectivo que cubre las expectativas normales de vida.

– Contemplación. Iniciamos el proceso de cambio a través de la confrontación con el problema. Reconocemos su implicación en nuestra vida futura y cómo afecta la realidad actual. En esta fase, identificamos una parte del problema que puede surgir desde varias perspectivas: salud, estética, autoestima. Tomamos consciencia efectiva de la situación y nos motivamos para transformarla.

– Preparación. Asumimos la necesidad de realizar un cambio y establecemos los mecanismos para hacerlo. Se puede considerar como la fase de diseño de un plan estratégico para cambiar a hábitos saludables de alimentación. Aquí buscamos ayuda, asesoría para poder avanzar.

– Acción. Se trata del periodo objetivo, cuando aplicamos lo que planificamos, reduciendo, distribuyendo, ordenando nuestros hábitos alimenticios para optimizar el consumo y su aprovechamiento.

– Mantenimiento. Hay que recordar que estas fases se refieren a un cambio de conducta, es decir, un aprendizaje que debe gestionarse en el largo plazo. Mantener un comportamiento adecuado, implica consolidar una actitud, esto a su vez, identifica el proceso de aprender.

– Finalización. Es una fase que podemos entender como evaluación de resultados. Qué tan bien me siento y pensar que estoy dispuesto a continuar o desistir. Es crucial que el resultado de este paso, estimule la significación del aprendizaje, hacerlo permanente, es decir, consolidar hábitos saludables de alimentación.

En todo este proceso, es fundamental comprender que la voluntad de cambio es el verdadero motor de la transformación. Cambiando nuestros hábitos alimenticios, construimos una nueva realidad que nos ayudará a superar otras barreras, sobre todo de salud.

Los beneficios de asumir las fases propuestas son innegables. Por ejemplo, la simple toma de consciencia alrededor de la importancia del tema ya es un avance importante. Además, un aspecto de relevancia es que la planificación da pie a otros cambios importantes que pueden impactar nuestra vida en general. Por ejemplo, asumir un horario de comidas, también incide en el comportamiento laboral, regulando los diferentes pasos de la rutina diaria.

Finalmente, es básico comprender que no se trata de una camisa de fuerza que no podemos modificar. Fallar no solo es posible, sino una demostración de humanidad. La cuestión es comprender que el cambio es necesario. La relación coste-beneficio es ampliamente favorable para nosotros. El proceso y sus fases simplemente son una guía para esa transformación que seguramente mejorará tu calidad de vida.

 

Fuente:

Fundación Española de Nutrición (2019) Hábitos Alimentarios.

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